Entrega al Señor todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará. Él hará resplandecer tu inocencia como el amanecer, y la justicia de tu causa brillará como el sol de mediodía.
Decídete a actuar con rectitud y dirige tus súplicas a Dios. Si estás cargado de pecado, aléjalo de ti; no des lugar en tu casa a la maldad. Así podrás alzar limpia la frente, y estarás tranquilo y sin temor.